Yo no cuento historias, ellas hablas a través de mí. Llegan cuando menos lo espero, en las situaciones más insospechadas, y se quedan a mi lado hasta que las hago tinta.
Mientras no llega ese momento, me persiguen continuamente. Unas veces su presencia es abrumadora, de sueño que se impone a la realidad; otras se quedan en límite de la consciencia, incómodas, haciéndome saber que me falta algo, pero sin tener claro qué es.
Las historias no se mantienen estables, se metamorfosean en el momento más inesperado. Esto ya sucede cuando las he hecho sólidas, pero es más desesperante cuando únicamente existen en la Región de los Momentos. Es entonces cuando, cambiantes e intangibles, necesito darles caza, moldearlas para poder descansar.
Cuando por fin llega ese instante, los personajes empiezan a adquirir forma. Únicamente tienen su forma definitiva cuando son ellos los que vienen. Si intento forzar su llegada, se burlan de mí tomando diferentes disfraces. Hoy puede presentarse como un profeta loco de cincuenta años, cuando realmente es un joven médium de poco más de treinta.
Y al final, de después de hacer y rehacer, al ver el resultado, no me gusta, me deja con un regusto de insatisfacción. La pregunta me cae encima, siempre: ¿por qué estas historias me eligen a mí?
¡Ah!, pero es que la respuesta es otra historia.
Now playing: Sonic Youth - I Love Golden Blue

1 comentarios:
Vale.
Hoy parece que no lloverá.
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